El uso narrativo de la segunda persona


Anteriormente explicamos brevemente lo que es la narración en segunda persona, en esta continuación trataremos el uso adecuado de este narrador.

Para poder usar este narrador, deberás prestar atención al destinatario interno al que se dirigirá tu narrador. Todo con el fin de darle claves al lector para que comprenda quién es ese destinatario al que se dirige la historia.

Dicho esto, debes tener claro:

Su identidad: se debe dejar claro quién es el destinatario de la narración, qué relación hay con el narrador e incluso qué papel juega.

La relación entre narrador y destinatario; refiere al grado de veracidad que el lector usara en la historia contada y viene muy marcada por la identidad del destinatario.

El lugar y la época en que se encuentra el destinatario. Éste puede compartir tiempo y lugar con el narrador. El uso del pasado y futuro es permitido por lo cual, si el narrador y el destinatario interno comparten lugar y tiempo, el narrador puede incorporar las reacciones del destinatario a su discurso.

Efectos de usar la narración en segunda persona

Usar la narración en segunda persona crea un efecto de oralidad, es decir, como si el lector en lugar de leer, estuviera escuchando la historia que el narrador le relata. Su uso cae de maravilla si escribes relatos. En Lordanas de Ánxel Fole encontramos un ejemplo:

Lo que os voy a contar sucedió en Lugo, por los últimos años del siglo pasado. Se lo oí a mi padrino hace ya mucho tiempo. Mi padrino sabía muchas de estas historias de miedo. Se lo oí una tibia noche del mes de julio, cuando estábamos sentados en la era, allá en Fingoi, una aldea que está cerca de Lugo.

La oralidad también puede funcionar muy bien en obras de fantasía épica, porque recuerda a la manera en que se narran las grandes hazañas heroicas de todos los tiempos, desde los cantares de gesta a las obras de la Antigüedad clásica, pasando por las sagas nórdicas.

El narrador en segunda persona también refuerza el lazo que se crea entre narrador y lector.

De manera casi inconsciente el lector se identifica con ese «tú» al que la historia se dirige, de manera que se siente aludido por la narración. Siente como si el narrador se estuviera dirigiendo directamente a él.

Toda obra busca que el lector empatice con lo contado y el narrador en segunda persona puede ayudarte a lograrlo.

 

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