¿El futuro del libro es no leer? Un vistazo al fenómeno de los audiolibros.


El origen del audiolibros tuvo lugar cuando se popularizaron los fonógrafos, a principios del siglo XX. Más tarde, sobre la década de 1930, en algunas zonas de Estados Unidos empezaron a proliferar pasajes de la Biblia en discos de pizarra, que las familias escuchaban en casa durante la cena. Más tarde, con la expansión urbanística y la creación de suburbios cada vez más alejados de los centros de las ciudades, los estadounidenses empezaron a pasar cada vez más horas conduciendo.

Un vistazo al fenómeno de los audiolibros

En México y gran parte del mundo se está produciendo un fenómeno editorial por el que nadie hubiera apostado nunca: algunos títulos están vendiendo más ejemplares en su formato audiolibro que en su formato tradicional.

Parece, por primera vez, que el lector esté prefiriendo escucharantes que leer, como si la tecnología nos hubiera permitido regresar a esas reuniones alrededor de la hoguera donde el conocimiento y las fábulas se transmitían oralmente.

La tecnología está cambiando nuestra relación con la lectura, como antaño ya lo hizo la imprenta: a mayor demanda, más libros, a más libros, mayor demanda, y también más escritores.

Lo que, paralelamente, impulsó la alfabetización generalizada en Europa y Norteamérica, originándose sistemas de escolarización pública.

Y es que el número de libros producidos en los cincuenta años siguientes a la invención de Gutenberg igualó la producción de los escribas europeos durante los mil años precedentes.

La nueva transformación que está propiciando la tecnología, sobre en el caso de todo internet, el mp3 y el smartphone, es que cada vez hay más gente que escucha libros en vez de leerlos.

Las ventas de audiolibros acumularon casi dos mil millones de dólares en ventas el año pasado y continúan siendo el segmento de más rápido crecimiento de la industria de la edición de libros, de acuerdo con la Asociación de Editores de audio.

Si bien el sigue siendo el rey, los audiolibros van ganando puestos. Y, en algunos casos, superan a sus homólogos de texto.

De nuevo, posiblemente lo que se necesita es dar un giro al modelo de negocio que permita desprendernos de la herencia cultural que siempre ha lastrado el audiolibro.

Fuente: Xataka

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