Elmore Leonard


Nació en Nueva Orleans en 1925. Se educó con los jesuitas, sirvió en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial y un buen día descubrió a Ernest Hemingway.

Elmore Leonard inició su carrera profesional en una agencia de publicidad, escribiendo anuncios para Chevrolet. Sus primeros westerns., inspirados en Hemingway, tratan de hombres decentes que van demasiado lejos empujados por las circunstancias. Eran los años del macartismo, y el western era el género ideal para camuflar la lucha por los ideales, la dignidad humana y contra la intolerancia y la opresión. En 1966 consigue dar el gran golpe: vende una de sus novelas, “Hombre”, a la Fox, y entonces tuvo el dinero suficiente para dedicarse exclusivamente a la escritura. Desde entonces sobrevive, sobre todo gracias a Hollywood, escribiendo guiones basados en libros ajenos y propios.

En 1974 escribe su primera novela policiaca “Un caso de extorsión”. Al igual que en los westerns, en ella hay un hombre normal que se enfrenta a los malos. Pero es a partir de la siguiente, “Swag”, de 1976, que Leonard crea a los mejores tipos malos de la literatura policial de todos los tiempos. A partir de la aparición de Joe LaBrava y Brillo su carrera se remonta a lo más alto.

Sus primeras novelas, publicadas en los años cincuenta, fueron novelas del oeste, pero después se especializó en la novela policiaca y desde entonces ha escrito numerosos libros, muchos de los cuales han sido adaptados al cine convirtiéndose en exitosas películas de cineastas tan dispares como John Sturges, Quentin Tarantino o Steven Soderbergh, entre muchos otros. En algunos casos el proceso ha sido a la inversa, escribiendo novelas a partir de guiones originales o tratamientos para guiones cinematográficos.

Leonard es especialista en evitar cometer errores. Según él, el mejor método para no equivocarse es no meterse en problemas (toda una enseñanza de vida). De modo que sus novelas están ambientadas en el mismo aquí y ahora del autor.

Hoy día se contabilizan un total de casi 40 novelas.

En cuanto al estilo, en conformidad con su decálogo de la buena escritura, era prioritaria la escalofriante desnudez de la prosa, técnica que aprendió de Hemingway, a quien sin embargo achacaba un grave defecto: su falta de sentido del humor, fallo que el discípulo supo mantener a raya. En segundo lugar, el dominio del diálogo: la manera de hablar de sus personajes es real. Las páginas de Elmore Leonard destacan tanto por sus cualidades sensoriales auditivas, como visuales. Otro truco: imitar no a los nombres encasillados en el género negro, sino a autores de la estirpe de John Steinbeck y John O’Hara, por señalar dos influencias muy cercanas. Eso explica que Martin Amis dijera en una ocasión que al lado de la suya, la prosa de Chandler resultaba torpe.

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