Cómo escribir para niños


Si en verdad quieres escribir para niños lo primero que debes hacer es desobedecer las voces de otros escritores adultos que considerarán tu trabajo como algo menor sin siquiera haberlo leído, y mejor dirigir tu mirada al público que posiblemente te leerá: los niños.

A diferencia de la literatura para adultos, en la que los autores no suelen considerar a sus lectores, los que escriben literatura infantil no pueden ignorar que sus textos van dirigidos hacia un grupo muy específico.

Este sector de la población fue “descubierto” hasta el siglo XIX, por lo que bien podría decirse que la temática infantil fue un producto más de la Revolución Industrial. Los pedagogos de aquellos días comenzaron a estudiar a los infantes como a insectos con alfileres. Al separarlos por edades notaron con sorpresa que un niño de 4 años poco tiene que ver con uno de 9 y es casi de otra especie comparado con uno de 12. Además se crearon objetos cotidianos para ellos, ropa, muebles de menores dimensiones y juguetes propicios para sus habilidades. Fue entonces cuando surgieron los libros para niños, libritos que contienen una literatura similar a la de los adultos pero sin aristas capaces de herir sus deditos y su psique en incipiente formación.

El recuento histórico viene a cuento ya que buena parte de ese espíritu sobrevive hasta nuestros días. Muchas de las ideas asociadas al término literatura infantil son, además de princesas o dinosaurios: moralejas positivas, finales felices, había una vez, fantasía exacerbada y múltiples similares. En ciertos sectores se sigue pensando que la literatura infantil es como la ropa para niños, similar a la de adultos, solo que más colorida, pequeña y, en este caso, construida con base en historias repletas de lecciones de vida.

¿Y acaso esto sigue teniendo vigencia? Evidentemente no. Por todo esto, aquí van algunos de los consejos que podrías poner en práctica si quieres inmiscuirte en la literatura infantil, y sobre todo si eres de esos que cree que es cosa fácil.

ESTO NO ES UN NIÑO

Para lograr averiguar esto no es necesario tener hijos. Lo que sí debes hacer es fijarte en cómo son los niños hoy, pues un error muy común de los que buscan iniciar con la literatura infantil es creer que los niños a los que se dirigen son los mismos que hace treinta años. Y, créeme,  nada puede estar más alejado de la realidad, los niños de hoy poco tienen que ver con el niño que tú fuiste hace muchos, muchos años.

Entonces comienza lo bueno, pues los niños de hoy son complicados, bastante, en bueno y en mal sentido. Para empezar, ellos han visto cinco veces más televisión de la que tú viste a su edad, han consumido diez veces más películas de las que tú viste a esa misma edad y han jugado cien veces más videojuegos de los que tú soñaste con jugar a los ocho años. Probablemente los superes en libros leídos, eso sí, y ahí está buena parte de la cuestión. Ellos son una generación híper estimulada por la cultura audiovisual. La poderosísima industria del entretenimiento les arrebata su tiempo libre de forma despiadada. Y esos medios casi perfectos son tu competencia.

¿Cómo podrás hacer que su atención, acostumbrada a seguir simultáneamente, videos, youtubers, videojuegos en línea, snapchat, instagram, etc., logre adentrarse en un montón de palabras? ¿Podrás tú conseguir que dirija sus sentidos a una historia escrita sin música ni efectos especiales??

Es algo que debes saber. Porque si no lo has experimentado, descubrirás que es realmente triste ver a un niño incapaz de concentrarse en leer. No digamos ya una novela o un cuento clásico, tan solo leer una página y comprenderla a fondo. Aquí es donde la literatura infantil se torna más compleja.

El niño que lee aprende a ser otro sin dejar de ser él mismo, se pone en los zapatos de un personaje y comienza a desarrollar la capacidad de vivir un montón de vidas. Es cuando se ejecuta el milagro.

SEMBRANDO LECTORES

Buena parte de la mala fama de la Literatura Infantil fue ganada gracias a creadores que vieron en este universo un escaparate para depositar obras mediocres o fáciles. Es tu deber realizar un esfuerzo para que la nueva Literatura infantil tenga más de Literatura y menos de infantil. Escribe para ellos pero con rigor y espíritu crítico.

Es más sencillo acercar a esos niños audiovisuales a la lectura mediante historias escritas por autores contemporáneos que buscan capturar su atención. Esto porque les hablan de cosas inmediatas con las que es más sencillo desarrollar una primera aproximación.

PIENSA EN TU LECTOR

En general, cuando escribes para adultos puedes olvidar al lector, te puedes enamorar de tu propia voz narrativa y embriagarte de tu estilo, sin embargo cuando el lector es un pequeño conviene releer lo escrito pensando si acaso ese niño podrá entenderlo, y es que si se rompe el canal de comunicación y de entrada no se comprende lo leído, jamás se involucrará con tu texto y menos desarrollará un gusto por la lectura.

Evita, por favor y a toda costa, volverte esa figura de autoridad y virtuosismo que siempre está dando lecciones de moral. Piensa que los niños están hartos de recibir lecciones de civismo en sus cuentos. Recuerda que muchas veces los mejores libros nos han dado justo lo opuesto, un espacio libre y sin reglas opresivas donde podemos vivir a nuestras anchas.

MANTÉN SU ATENCIÓN

Esto puede decirse fácilmente pero conseguirlo no es tan sencillo ¿Cómo mantener su atención en tus palabras? Existen sugerencias desde hace décadas y que siguen siendo válidas. Valerse del humor, de tramas originales, de personajes profundos, vivos, entrañables, esfuérzate en conseguir eso. Inyecta en tu trabajo imágenes poderosas, hermosas, sorprendentes, irreverentes, poéticas; escribe como si pintaras, concéntrate en sentir la esencia del lenguaje, como si escribieras poesía, aléjate de preámbulos aburridos, trata de transmitir las imágenes en crudo. Y juega siempre con el lenguaje, no olvides que una de las primeras formas de comunicación hacia los niños fueron las canciones de cuna, los refranes, los dichos, los juegos de palabras, acertijos, adivinanzas, etc.

LA FUERZA DE LA REPETICIÓN

¿Cuántas veces ven los niños una misma película o piden que se les lea un mismo cuento? Te sorprenderá descubrirlo. Eso es porque están experimentando el efecto de gestación de una historia en su interior, esa comezón interna, y claro, la quieren repetir una y otra vez. Desde luego no lo intelectualizan, pero al final saben que es algo placentero y buscan la posibilidad de repetirlo. También, están ejercitando la memoria, comienzan a aparecer en su mente, colores, frases, imágenes que ya pueden reconocer y repetir; su cuaderno nuevo comienza a llenarse de los primeros rayones.

PALABRAS LÚDICAS

Tú, escritor de literatura infantil, haz el ejercicio de olvidarte del significado de las palabras y encuentra en las mismas su peculiaridad; hay palabras casi secas porque la vida diaria o la publicidad agotaron su significado, retómalas y trata de darles otros usos. Busca también palabras graciosas, aburridas, sugerentes, arma una colección y úsalas en tus textos. Cuando tengas oportunidad confirma el efecto que una de estas palabras tienen en los más pequeños. Revisa tu colección periódicamente y auméntala siempre que puedas, piensa en esas palabras como piezas independientes ¿Qué sensaciones te provocan las palabras: cochambre, molécula, harapo, afelpado, lúdico?

¿Qué te parecen estos consejos? ¿Te gustaría escribir para niños?

Coméntanos qué te parece el tema.

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Fuente: Tinta Chida

 

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