Raymond Chandler


Nacido en Chicago en 1888, el pionero del género denominado novela negra, es el creador del popular detective Philip Marlowe.

Aunque comienza en 1912 como periodista, fue hasta que cumplió 44 años que se dedicó a la literatura publicando relatos en la revista Black Mask. Raymond Chandler contribuyó de modo determinante a la renovación del género policial, revolucionó la típica trama de intriga y misterio de la literatura policiaca reflejando la dureza de la vida urbana y la corrupción social.

El héroe de sus novelas es el investigador privado Philip Marlowe, idealista romántico bajo la apariencia cínica que lucha contra una sociedad corrompida siguiendo un código ético personal y métodos no siempre ortodoxos.

Sus obras reflejan la corrupción como el mecanismo central que afecta a los seres y sus relaciones sustentadas en el poder del dinero. Su estilo narrativo puede ser descrito como de un realismo sarcástico y sobre todo escéptico: una prosa que narra con rapidez, exactitud y sutileza sus ambientes, personajes y sucesos, a veces matizada por observaciones y frases de humor cínico que lo caracterizaron. La escritura precisa y refinada resulta de la feliz fusión de lenguaje literario y formas coloquiales, de metáforas coloridas y de slang americano crudo y vigoroso.

Por ser el precursor de la novela negra, te damos 3 libros imperdibles del autor.

 

 

El sueño eterno. La primera novela de Raymond Chandler protagonizada por Philip Marlowe, el detective más célebre del siglo XX. Un personaje para recordar en blanco y negro. El detective Philip Marlowe se enfrenta a un caso que promete ser sencillo: el viejo general Sternwood, paralítico y extremadamente rico, ha recibido una nota de chantaje que concierne a su hija menor, la salvaje Carmen. Recorriendo la ciudad desde su despacho en Hollywood Boulevard hasta las mansiones de los barrios residenciales, Marlowe deberá adentrarse en un laberinto de perversidad cada vez más oscuro.

 

 

 

 

 

 

Adiós, muñeca. Considerada por algunos críticos como la mejor novela de Chandler, la indagación en la corrupción que retrata Adiós, muñeca supuso un paso más para el autor en su personal interpretación de las convenciones del género negro. Si en El sueño eterno era un caso de chantaje el que servía para urdir la acción de Philip Marlowe, aquí será la búsqueda que emprende el singular gigante Moose Malloy de su «pequeña Velma» la que desencadene un siniestro recorrido que desenmascara los resortes del poder en una ciudad en la que «las leyes se hacen para los que pagan».

 

 

 

 

El largo adiós. El largo adiós fue recibido de forma entusiasta por los medios desde su publicación, primero en Inglaterra en 1953 y al año siguiente en Norteamérica. Junto a los habituales tics satíricos y cínicos del inconfundible detective Marlowe, en los que le reconocemos como el sujeto, el héroe moral y físico al que estamos habituados, Chandler le somete a una jugada inesperada que le metaboliza en objeto, en víctima, en su búsqueda irrenunciable al descubrimiento de la verdad. En el fresco social de triunfadores y marginales, de víctimas y corruptos, Marlowe, y el lector que le acompañe, siempre encontrará un momento para disfrutar de un café recién hecho o de un «gimlet», del calor húmedo de los bulevares, de la silueta de las colinas.

 

 

 

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